Reproducción en el cerdo

 

Claudio A. Wevar V. (M..V.;MSc.)

Dpto. Reproducción animal

Fac. Agro. y Veterinaria - Univ. Nacional de Río Cuarto

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Dentro de los muchos e importantes aspectos que hacen a la producción y rentabilidad porcinas, la reproducción constituye uno de los más importantes a ser considerados. Es así que se ha establecido que “en la actualidad, la producción eficiente de carne magra para el consumidor, es el objetivo principal de la producción porcina, y que la economía de este sistema depende en gran parte de la eficiencia reproductiva" (English et al, 1984).

Los índices reproductivos conocidos actualmente dependen en buena medida del comportamiento genético de los rebaños y del  manejo adoptado, pero tomando en consideración las variaciones propias derivadas de los objetivos que se busquen en cada sistema.

En estos días, y desde hace algún tiempo, se debate sobre la conveniencia o no de la elección de sistemas intensivos al aire libre versus intensivos bajo techo y sus variantes. Esta situación encierra toda una problemática que involucra no sólo a la carrera tecnológica en busca de condiciones que llevan a la máxima productividad y rentabilidad, sino también a otros componentes, entre los cuales se pueden citar a los ecológicos contaminación ambiental y bienestar de los animales. En algunos países, el interés por carnes provenientes de sistemas naturales, se ha visto reflejado en mejores precios pagados por el público.

De todas maneras, es coherente pensar que sea cual fuere el sistema de producción, el objetivo central del  manejo se orientará hacia el aumento de la eficiencia reproductiva.

En 1986, Wentz et al., decían que en producciones bajo techo, el óptimo podría estar representado por valores tales como 90% de concepción, 2.45 partos/cerda/año, 9 lechones/camada al destete y 22 cerdos terminados/cerda/año. Si bien en la actualidad la gran mayoría de nuestros productores están lejos de estas condiciones, los índices reproductivos en promedio en algunos países de punta de los que dispongo información, están obteniendo valores aproximados y en pocos casos levemente superiores a juzgar por los datos de la Meat & Livestock Comisión <MLC>(1992,1996); la Cambridge Pig Management Scheme<CPMS>(1992) o Easicare(1 992),entre otros.

 

            A continuación (Cuadro N' 1) se presenta un cuadro comparativo entre ambos sistemas durante un período de cuatro años.

 

 

 

Debido a que la reproducción está involucrada en toda la cadena productiva, es imposible referirse a todos ellos en el tiempo propuesto, razón por la cual haré énfasis en algunos aspectos fisiológicos y de manejo del  macho y de la hembra, orientándolo al momento óptimo de la monta o servicio, que a mi modesto entender estimo de gran importancia.

 

 

 

 

 

2. BASES REPRODUCTIVAS

2. 1. El macho.

Aparentemente, en nuestro medio parece ser mayor la toma de conciencia de la enorme importancia del macho en cualquier sistema de producción que opte por la calidad y la eficiencia. Como un verraco normalmente sirve numerosas hembras, es de sus características genéticas que dependerá la mayor o menor potencialidad productiva de su descendencia, y de sus condiciones de manejo dependerá buena parte de la salud reproductiva de la cerda servida como de la sobrevivencia de los descendientes durante la gestación o el postparto. Por lo tanto, es una herramienta clave para producir grandes cambios en la producción. Si esta situación contempla la inseminación artificial (¡A), su importancia individual se proyecta todavía con mayor relevancia. Además, el macho no sólo es útil como productor de semen, sino que cumple funciones indispensables en el comportamiento sexual de las hembras (parcialmente reemplazado por el hombre), como en el reconocimiento del  celo, el desencadenamiento natural del  reflejo de quietud, de la madurez sexual en cachorras y en el inicio del celo postdestete, entre otras.

Los datos fisiológicos, en valores promedio, para animales de raza tipo carne, se señalan en el Cuadro N" 2.

 

 

 

2. 1. 1, Manejo y frecuencia del servicio

En este aspecto se parte del predicado que para una reproducción más eficiente, es un requisito previo contar con un correcto manejo nutricional, sanitario y un genotipo prolífico, además de instalaciones y personal entrenado,

El verraco, al contrario de la cerda, luego de alcanzar su madurez reproductiva, permite pocas posibilidades de aumentar su productividad. Por lo tanto, el manejo se orienta a mantener las mejores condiciones para optimizar la libido y la fertilidad, recomendándose evitar los extremos, es decir, los descansos prolongados y el uso excesivo (Lemán & Rodeffer, 1976; Walter, 1980). Es necesario poner mucha atención a la introducción o inicio en la actividad sexual de los machos jóvenes (7-8 ms. de edad), ya sea para monta natural o IA. Ya que estos sistemas son diferentes, hay que tornar las precauciones para cada caso, auxiliando al joven para evitarle situaciones traumáticas, y proporcionándole hembras con buen reflejo de quietud y de un tamaño adecuado (con la línea de sus ojos sobre el lomo de la hembra). Se acepta como conveniente que los machos jóvenes (7 a 8 ms) empiecen con un servicio por semana y vayan aumentando progresivamente hasta 2 ó 3 por semana, fuego del  año y medio de vida. En 1980 Walker, estudiando datos sobre más de 2000 partos señaló que el descanso de los machos entre cerda y cerda aumentaba el tamaño de la camada, y concluyó que idealmente cada padrillo debería ser usado para un servicio doble por semana (Cuadro N" 3).

 

 

 

En la actualidad existe tendencia al servicio natural controlado y/o I.A., usando corrales fijos o portátiles., o aún alojando a las cerdas  bajo techo durante la época del  servicio. A través de los datos estadísticos de Easicare (1995), se ha comprobado que el uso de estas mejoras para el servicio produce un aumento en la tasa de concepción (Cuadro N' 4)

 

2.2. La Hembra. Pubertad y ciclo estral

Al nacimiento, la hembra cuenta con el total de sus folículos primarios (aprox. 400.000) en ambos ovarios, y con la capacidad para que se desarrollen hasta la ovulación, a partir de la pubertad, época en que se presenta el primer ciclo estral fértil. Este comienzo de la madurez sexual que ocurre entre los 5-7 ms de edad, es el resultado de la interacción de factores internos (genotipo, raza, control neuroendocrino) y externos (nutrición, salud, medio ambiente, manejo).

El ciclo estral de la cerda clasifica a esta especie como poliéstrica continua, es decir, su reproducción no tiene una estacionalidad, en el sentido que cicla regularmente todo el año, cada 21 días, con un rango de 19 a 23 (Asdell, l964), exceptuando la época de la preñez y de la lactancia. En 1977, estudiando el ciclo de numerosas hembras servidas, Dziuk describió dos picos de estos intervalos: a los 21 y a los 26 días. Este dato se ajusta a lo descrito por Polge et al. (1966) para intervalos en cerdas servidas y gestando entre 1 y 4 embriones, lo cual indicaría que si el número de embriones es muy bajo, la preñez, se interrumpe y el ciclo se alarga. Los datos aportados por Glossop y Foulkes (1988) en 2472 cerdas fue -en valores medios- de 20.7 y 25.6 ds. Se considera que la raza y la estación (ciclos más largos en verano y más cortos en invierno), así como las anormalidades endocrinas afectan la duración del  ciclo (Anderson,1 993).

La duración del  celo en valores promedio, es de 47 hs para las cachorras y 56 para las cerdas (Anderson,1 993), con amplia variación de estos valores (12-72 hs).

La ovulación es espontánea y ocurre normalmente en la segunda mitad del  celo, alrededor de 40 hs (38-42 hs) después de su inicio, y dura entre 1 y 6 hs.(Du Mesnil Du Buisson & Signoret, 1970; Soede & Kemp,1993) y 3.8 hs en promedio (Anderson,1993). Si el celo dura más de dos días, la ovulación se produce cuando el 75% del  celo ya ha transcurrido (Niswender et al., 1970). Asimismo, la ovulación ocurre varias horas antes en las cerdas que han sido servidas, en comparación con las no servidas (Signoret et al., 1972), lo cual se debería a la presencia de estrógenos y a una fracción proteica del  plasma seminal del  macho (Weitze & Wabersky,1996). El índice ovulatorio, es decir, el número de ovocitos liberados por ambos ovarios en un celo, es entre 10 y 24.

El ciclo estral está regulado por diversos cambios en los niveles  de las hormonas circulantes provenientes de los ovarios e hipófisis, principalmente, aunque otras hormonas y factores también participan.

El conocimiento de estas y otras funciones biológicas son muy importantes para poder manejar con cierta seguridad el momento más adecuado para realizar el servicio natural o la inseminación artificial. Debido al interés creciente en esta última tecnología, me ha parecido importante exponer finalmente algunas consideraciones sobre el momento adecuado para optimizar la fertilidad utilizando la I.A.

Wabersky et al. (1994), utilizando ultrasonografía en tiempo real, concluyeron que el tiempo óptimo para IA fue de 12 a 0 horas antes de la ovulación con semen fresco refrigerado, y 4 a 0 hs antes de la ovulación con semen congelado. Igualmente, Soede et al, (1995), usando también ultrasonografía transrectal concluyeron que la tasa de fertilización fue óptima cuando se inseminó semen refrigerado entre 0 y 24 hs. antes de la ovulación.

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

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